Ética para directivos

En el comportamiento de las personas se descubre la cultura de “la empresa”

El Directivo es Constructor de Cultura Social desde “la empresa”[1].

El Director General se encuentra entre la certeza de los resultados del pasado y la incertidumbre del futuro. El propósito de su gestión es enfrentar este futuro incierto aliviando las tensiones que existen entre los constituyentes primarios: Los clientes y proveedores de productos y servicios (incluidos los financieros), sin cuyo favor la empresa no es viable, los empleados cuyo aporte es fundamental en la creación de los productos y servicios, los accionistas o sus fundadores que dan vida a la sociedad, comercial y financieramente hablando, y, la comunidad, sin cuyo cobijo, la empresa no encuentra donde alojarse. Pero sus intereses son encontrados. Un directivo responsable es quien logra satisfacer las expectativas de todos ellos y así generar riqueza y desarrollo.

En nuestros programas se reflexiona con los participantes sobre esta manera particular de ver la Responsabilidad del Directivo cuyo propósito es la satisfacción de las necesidades de personas. En la empresa las personas son todo[2].

De la acción humana

El objetivo es reflexionar y comprender los principios básicos de la acción humana.

Desde la moral, la acción humana es la acción realizada con la motivación del amor. Las personas actuamos movidas por razones biológicas, sentimentales, sociales, reglamentadas por las normas, (permitidas o prohibidas), De lo que trata la acción verdaderamente humana es descubrir la realizada con la motivación del amor.

  • Amar Para dar alcance al verbo amar, recordemos que los griegos, que acuñaron el verbo, lo hicieron dándole varios alcances: el amor paterno, materno y filial, que llamaron “a su modo”: amor.
  • Solidaridad y cercanía con el otro, al que llamaron “ágape”. Por último,
  • Eros como fuente de la vida

Estas tres acepciones no tienen par idéntico en el latín ni en castellano. Podríamos decir que amor filial y paterno es la expresión del amor “del padre y la madre” hacia sus hijos y de ellos a sus padres. El amor de la pareja estaría incluido en “eros” y la solidaridad, cercanía, amistad, cariño, estarían dentro del “ágape”. Para los efectos de esta nota, utilizo solamente amar y ser solidario, para mayor facilidad en la expresión de términos.

Desde la ética que predicamos. La acción ética es la realizada en beneficio de los demás, esta motivación y necesidad, se centra en los principios que se sintetizan en “ser humano”, y cuya calificación es dada por “los demás”, esto es, los beneficiarios de la acción.

El objetivo personal se centra en: “-Ser muy humano-, -Ser un buen ser humano-, -Ser indiferente-, -Ser inhumano-”. “Ser más humano” es el Magis.

Ahora bien, el ser humano no actúa en solitario, actúa con otros. El principio de la ética es pues: una persona que actúa con los demás, en beneficio de los demás”, ejerciendo la virtud de la solidaridad.

Desde la reglamentación y la ley, la acción humana es la permitida, aceptada u ordenada por ella, “en cumplimiento de la ley”.

Los orígenes de la construcción legal, se remontan a la más antigua tradición y tienen conexión directa con el uso de la libertad dentro de la comunidad. Veamos; si acogemos las tradiciones más antiguas, el ser humano tiene unos atributos fundamentales, que son el origen mismo de su humanización. La naturaleza ha permitido varios intentos de humanización. Vale la pena, para entender todo este proceso, mirar con atención el capítulo EL ORÍGEN DE LA HUMANIDAD Y EL HUMANISMO. Pero, para efectos del presente, diremos que, en la primera manifestación de la cultura humana, fueron ellos los primeros seres que tienen una mirada libre, de lo que sucede a su alrededor, y ¿qué ven suceder?, pues, que “los comportamientos” de los demás seres de la naturaleza son repetitivos y unánimes. Una piedra, un fruto maduro, las hojas de los árboles en otoño, ellos mismos cuando se desestabilizan o descienden de los árboles o por los senderos “caen” siempre. Los astros se comportan de manera igual siempre. El sol “nace con el día” y “muere con la noche”. La luna “nace”, “crece”, “llega a su plenitud” y “decrece hasta morir”, para “renacer” en ciclos que se repiten siempre y de la misma manera. Así, va descubriendo en su trasegar, que tanto seres inanimados, como animados, siguen ciertas “reglas” que son de muy difícil transgresión, a no ser que lo intenten los seres que son como él: Los humanos. Aquí se inicia el descubrimiento de las que hoy llamamos LEYES FISICAS.

Aparecen luego ante su mirada, ciertos comportamientos de los elementos que encuentra en su caminar por el mundo, que nunca cambian, los efectos del fuego que una vez iniciado se propaga. Los efectos de la vida y de la muerte en los seres vivos, los efectos del agua sobre las especies vegetales y animales parecen seguir ciertos comportamientos repetidos. Empieza a descubrir así que hay ciertas LEYES, que rigen a todos los seres de la naturaleza y les llama LEYES QUÍMICAS Y BIOLÓGICAS.

La ciencia descubre que hay una especie de relación constante entre dos o más factores o variables, cada uno de los cuales representa una propiedad o medición de sistemas concretos, esto es, una norma constante e invariable que surge de alguna causa primera o de sus cualidades y condiciones (adaptación concreta de la definición de “ley científica” aparecida quizás en la lectura descuidada que he hecho en mis ratos de ocio de las leyes de Newton desde la mirada de Galileo.) y, con ello, la Revolución de Copérnico, que descubre que ha habido cambios radicales en la “mentalidad” del humano, permitidos “por el uso de la razón humana”, sin sujeción a ningún principio de autoridad.

El ser humano, (Humanitas, indica el desarrollo, por medio de la educación, de las cualidades que hacen del hombre un ser verdaderamente humano, que lo rescatan de la condición natural y lo diferencian del bárbaro. Con el concepto de Humanitas se denota una operación cultural: la construcción del hombre civil que vive y opera en la sociedad humana[3]) va intuyendo que podría haber una autoridad, que impuso o impregnó y dotó a todos los seres de la naturaleza de unos comportamientos a los que debe sujetarse, hasta que aparece “el hombre”, iconoclasta por su naturaleza libre, que utiliza dichas normas para su beneficio y logra, a través de los tiempos, modificarlas a su favor (o en su contra o la de los demás).

La idea de la existencia de los dioses, podría provenir de allí. Un descubrimiento de comportamientos, “podríamos llamar rituales, maneras, manierismos”, a los que se someten todos los seres de la naturaleza por el hecho de existir, que no nace de ellos mismos, sino, de unos seres superiores que les dieron y a quienes deben su existencia.

El origen de la ley escrita

Podemos afirmar, no sin temor a equivocarnos, que el Código de Ur Nammu que data posiblemente del año 2.005 A de C, El Código de Hammurabi de 1.792-1.950 A de C y Las Tablas de le Ley de Moisés, a quién históricamente es difícil de ubicar, pero que podríamos pensar que si el Éxodo tuvo lugar (si no es un mito), durante el fin de la era de los hicsos en Egipto (Siglo XVI A de C)[4], con lo cual, parece que las primeras leyes, tardaron más de 1.9 millones de años en ser orientadoras de la conducta humana, y siempre, relacionadas con el uso de la libertad y, acuñadas al mismo tiempo que la idea de justicia. La justicia y la ley pues, son una lectura adecuada a las leyes naturales: Físicas, químicas y biológicas, que el ser humano vio, leyó, intuyó, descubrió e interpretó en el comportamiento de los demás seres de la naturaleza y de la suya.

Y, la “ley natural” ¿desde cuando se empezaron a leer leyes en la naturaleza? Y, quizás la pregunta más importante, ¿por qué se relacionó con la idea de justicia?, ¿Cuándo aparecen los dioses y Dios?

Peter Watson en su obra IDEAS y Yuval Noah Harari me han dado una mirada desde el humanismo el segundo y de la ciencia, el primero, de cómo aparece la idea de la ley y la justicia en la historia de la humanidad y, utilizando el “método Chardin”[5]

La libertad y la ley humana[6]

La pregunta obligada en este punto es ¿qué sentido tiene la libertad en el ser humano y porqué parece que solo aparece en él? ¿cuándo se “vio” (sintió) libre? Y, ¿tiene algún sentido la libertad humana?

Las virtudes provenientes del cumplimiento de la ley son: la veracidad (no mentir) y la justicia expresada en la equidad.

De las virtudes

Las virtudes morales tienen su centro en el amor, en todas las acepciones antes indicadas: el principio es “Ama y haz lo que quieras” (San Agustín)

Las virtudes éticas tienen su centro en los frutos del ser interior que se sintetizan en la caridad, que es la solidaridad con los demás, esto es, acciones que tienen como fuente y fin, motivación y propósito, satisfacer las necesidades de los demás por los demás. Esto es, la acción solidaria. 

De la acción directiva

La primera mirada conocida en la modernidad, de lo que se llamó “el humanismo en la empresa”, surge de la visita que hicieran Pérez López y Don Antonio Valero a la escuela de negocios de HBS. Es una mirada ecléctica de la visión de Política de Empresa, en decadencia hoy en día, y el humanismo de Leonardo Polo.[7]

La acción directiva es la acción humana del directivo, pero no todas las acciones del directivo son esencialmente humanas desde la ética, a menos que tengan como propósito, la búsqueda de la mejora de las personas de la organización. 

Unas son estratégicas, esto es, atienden a la consecución de los resultados de la empresa y se centran en aquellas acciones y decisiones que orientan las variables que producen el valor económico u organizan los recursos financieros de la empresa, con el fin de conseguir que la misma pueda permanecer en el tiempo.

Las acciones que tienen que ver con la consecución de resultados económicos, que se ven representadas en las tendencias y relaciones de las variables clave: Ingresos y costos. Margen y gastos. Beneficio y su distribución entre el reconocimiento tributario, los dividendos y los recursos retenidos en la empresa. Así mismo, el origen y uso de los recursos de la empresa.

En la medida en que se tenga claridad de metas[8]: satisfacer las necesidades de clientes, empleados y accionistas, mejorar su calidad de vida y en especial de los menos favorecidos, y las acciones tendientes a la creación de valor estén orientadas a ellas, las acciones serán verdaderamente humanas.

En esta concepción, los resultados deben medirse en la mejora producida en la calidad de vida de las comunidades que acogen a la empresa que resultan de las acciones directas y de las consecuencias de las acciones al interior de la misma.

Si dichas acciones se centran exclusivamente en la consecución de los resultados económicos, con prescindencia de las necesidades de las personas: Business is Business, es en estos términos, indiferente e incluso puede ser calificada de inhumana si deteriora la calidad de vida de alguno. Aun así, hay un valor que denominamos la eficacia, que es la producción misma de los resultados cualitativos y cuantitativos.

Otras son acciones ejecutivas, esto es, aquellas acciones que realiza el directivo con el fin de propiciar que las personas de la empresa realicen sus labores, para que ella consiga su propósito: el cumplimiento de la misión.

Conseguir que las personas de la empresa hagan de manera individual y colectiva, con su orientación, las actividades que están orientadas a la creación, desarrollo, y puesta en marcha de la producción o la prestación del servicio.

El aprendizaje es el origen, causa y consecuencia de la acción solidaria, porque, si es aprendizaje positivo, mejora a las personas y les permite usar su libertad para generar trabajos dignificantes. En esta concepción, Nadie puede ensañar a otro a ser alguien (mejor persona para los demás, con los demás), a ser alguien se aprende por los propios medios, con la ayuda y el ejemplo de quienes lo son ya.

La dimensión ejecutiva se mide en la eficiencia, esto es, la manera de actuar de los directivos, que atiende al aprendizaje de todas las personas de la empresa.

La acción ejemplar es, por excelencia, la acción humana del directivo. Los directivos en esta concepción de empresa, son personas que con sus acciones construyen progreso y bienestar social, aquí está la esencia del liderazgo, personas que merecen ser reconocidas como líderes, porque sus acciones encarnan la virtud de la solidaridad. La medición, si así se puede llamar, se da en lo que Pérez López llamó la unidad, esto es, que la empresa sea atractiva a propios y extraños. Es la atracción, versus la promoción.

La acción directiva se realiza al interior de la empresa y tiene efectos en la comunidad que le acoge en su seno.

La empresa es una institución humana que tiene como propósito satisfacer las necesidades de sus clientes, empleados y accionistas y respeta, protege y mejora las condiciones de vida de las personas que pertenecen a la comunidad que le acoge en su seno.

Alfredo Ceballos lo presenta así: “La calidad de vida de los ciudadanos ha quedado dependiente del comportamiento de las organizaciones. Las condiciones de nuestro nacimiento dependen de la calidad de los servicios de salud que preste la organización en la que hacemos nuestro arribo a este mundo. Nuestras posibilidades de educación, de la calidad de las entidades en las que nos formamos. La protección de nuestros derechos de la efectividad de las organizaciones encargadas de impartir justicia. Las posibilidades de avance profesional de las políticas de las organizaciones en las que nos empleamos.

La capacidad de actuar como clientes, depende de las compensaciones que nos provean las organizaciones en las que nos empleamos y la posibilidad de convertir nuestros ingresos laborales en bienes, de la oferta, el precio y la calidad de los productos y servicios de aquellas que los ofrecen.

“Si un visitante extraterrestre, (dice con humor Alfredo), observara el diario trajinar de los ciudadanos estaría acertado al señalar que éstos desarrollan su vida siempre en función de sus relaciones con personas que pertenecen a alguna organización (o empresa), pues las empresas se han consolidado como el eje de nuestra sociedad. De su comportamiento depende nuestra calidad de vida”

Por ello, el nivel de bienestar de los ciudadanos depende de la capacidad de las empresas, de cumplir las responsabilidades sociales para las que fueron creadas. Lograr que las organizaciones actúen con responsabilidad y con estándares de excelencia, son condiciones necesarias para alcanzar mejores niveles de la calidad de vida”.

La dirección general

Continúa Ceballos: “Como la dirección de la empresa es su órgano ejecutor, responsable de su actuar y sus resultados, es justamente la calidad de esa dirección la que determina, tanto la sobrevivencia de la organización como el logro del bienestar de la sociedad. El Director General, como cabeza visible y responsable de la organización, es sobre quien recae la responsabilidad de que ella cumpla con su función social. Esto es, que la empresa sea un instrumento idóneo en el proceso de construcción del desarrollo económico y social”.

Los componentes de la organización.

Y termina él mismo: “En esta sociedad, el individuo no solo depende de las empresas, a nivel agregado, sino también a nivel particular. El ciudadano es típicamente empleado de alguna de ellas. A través de su participación, en su condición de empleado, aspira a satisfacer tanto sus necesidades de subsistencia, (las propias y las de los suyos), como a obtener oportunidades de superación, recibir reconocimiento por sus méritos, (dentro y fuera de la empresa) y a prestar un servicio útil a la sociedad de la cual forma parte. Depende de una organización para obtener con su empleo sus medios de subsistencia, superación y servicio a los demás.

El primer interesado en la organización es el empleado. Él invierte sus capacidades y habilidades y espera como retorno un tratamiento, una compensación y una carrera. En ocasiones puede estar dispuesto a recibir un salario bajo a cambio de obtener un mayor desarrollo. Lo esencial es su compromiso: Si los retornos que recibe no son suficientes para mantener ese compromiso, el empleado cambia de organización o disminuye su compromiso. A menos que el empleado perciba satisfacción en el trabajo, el compromiso con sus tareas no se logra.

Puede señalarse pues, el compromiso del empleado como el primer componente vital de la organización. Sin su presencia la organización no puede existir. El recurso con que cuenta la organización es la capacidad de creación y ejecución de sus empleados. Ella logra sus resultados consiguiendo que los empleados conviertan su trabajo en algo productivo y hacer el productivo el trabajo ofreciéndole los medios necesarios y las oportunidades para su avance personal, implica considerar los empleados “seres humanos que tienen discreción sobre las formas de realizar sus tareas y libertad para optar sobre su permanencia en la organización”.

Los ingresos recibidos como compensación a su compromiso como empleados permiten, a los ciudadanos ejercer su condición de clientes. La organización, genera así, su capacidad de compra y sus posibilidades de actuar como clientes y todos ellos como mercado. El cliente, como representante y agente actuante del mercado, es el segundo componente vital de la organización. Sin su presencia la organización pierde también su validez. Mientras la organización no logre obtener y preservar un creciente número de clientes satisfechos no logra su supervivencia ni su crecimiento.

El cliente es la personificación del mercado. Sus necesidades, sentidas o por descubrirse, son el fundamento de las oportunidades para la organización. El cliente, al igual que el empleado, acepta un balance entre sus beneficios de corto y de largo plazo. Si no consigue que una organización satisfaga, de manera consistente su necesidad, identifica otras alternativas y elije entre ellas la que considere que satisface sus requerimientos de mejor manera. En otras palabras, el mercado también invierte o compromete su necesidad con una determinada organización en espera de que esa necesidad sea satisfecha. Si la organización falla el cliente sustrae su compromiso y, al igual que con el compromiso de los empleados, la organización solamente puede declinar.

La consideración del cliente y su importancia crítica para la organización hacen que esta pueda también definirse en términos de los clientes. Para saber lo que es una organización se tiene que empezar con su propósito, que también está fuera de la organización. “El único propósito válido es la consecución de un cliente”. “Los mercados son creados por las organizaciones” afirma Peter Drucker. Se puede entender, sin menoscabo de la aseveración del profesor Drucker, que los mercados son el resultado de la demanda de satisfacción de necesidades naturales sentidas por un agregado de personas, que encuentran en “productos y servicios” ofrecidos por diferentes organizaciones la satisfacción de las mismas…. Las necesidades que pueda sentir un consumidor potencial serán solo necesidades hasta cuando existan los medios para satisfacerlas. Seguirán siendo una demanda potencial hasta cuando las acciones de una organización las convierta en demanda efectiva. Y en ocasiones las necesidades ni siquiera son sentidas por los clientes potenciales, solo empiezan a sentirse después de que una organización, a través de creatividad, esfuerzo y riesgo, pone nuevos productos o servicios a disposición de los clientes.

Puede afirmarse de esta manera que el cliente determina lo que es una organización. Es solo el cliente, quien a través de pagar por los productos o servicios que le ofrece una organización, convierte los esfuerzos de la organización en riqueza y las cosas en bienes. Lo que el cliente compra nunca es un producto sino y una forma de satisfacer una necesidad. Es el valor asignado por el cliente al producto o servicio lo que cuenta. Es el cliente el que provee el fundamento a la organización y la mantiene en existencia. Él es quien da el empleo y provee los recursos para su compensación.

Finalmente, algunos ciudadanos, en razón de haber adquirido, ellos o sus antepasados, alguna capacidad de inversión financiera o en razón de un espíritu empresarial o de su bagaje de conocimientos o de su capacidad de aceptación de riesgos, pueden asumir el rol de “dueños” en las organizaciones. O los gobiernos, que, en virtud de sus compromisos sociales, encuentran necesario y conveniente el establecimiento de organizaciones en las que el estado asume el papel de “dueño”. En ambas circunstancias, inversión privada o pública, la organización requiere la presencia de un “dueño” para poder existir. El “dueño” es el tercer componente vital de la organización. El también, al igual que el empleado y el cliente, se compromete e invierte en la organización con la expectativa de recibir una adecuada compensación. Al igual que los demás, también está dispuesto a aceptar unos retornos menores en el corto plazo cuando estos están asociados con la esperanza de retornos más atractivos en el largo plazo.

El “dueño” también se compromete con la organización manteniendo su inversión, e inclusive aumentándola, cuando las condiciones de retornos esperados así lo ameritan. Inclusive en ocasiones, mucho más frecuentes de lo que comúnmente se cree, el “dueño” debe proveer recursos adicionales, aún en presencia de resultados adversos, como condición necesaria para superar las adversidades financieras. La organización también requiere el compromiso de sus accionistas y debe producir resultados que preserven a incrementen ese compromiso. Cuando el accionista no percibe las recompensas adecuadas, al igual que el empleado y el cliente, disminuye o sustrae su compromiso con la organización y ésta enfrenta un futuro incierto, si es que no logra la presencia de nuevos “dueños” o inversionistas que provean el soporte necesario.

Tradicionalmente la teoría económica asignó a los “dueños” el papel protagónico en las organizaciones. Su contribución, mediante el aporte del capital, se señaló como el factor crítico. El modelo clásico señaló el capital y a su fuente de generación: al ahorro, como las variables críticas del proceso de desarrollo. La organización entonces debía cumplir con un requisito único y fundamental que era la maximización de los retornos al capital y a sus accionistas. Y, así la maximización de las utilidades o retornos al capital se consideró como el propósito de la organización. Ese modelo supone que las fuerzas del mercado o la libre competencia aseguran al empleado y al cliente la maximización de sus retornos.

Al hacer este supuesto se equipara al trabajo con cualquier bien comerciable. El mercado laboral, al igual que el de cualquier bien, de esta manera funciona de acuerdo con las leyes de la libre oferta y demanda y exime a la organización con toda obligación laboral distinta a la de ofrecer al trabajador un salario en línea con el de la competencia. Tal vez por ello ese modelo se refiere a la clase trabajadora como el mercado de mano de obra.

Igual trascendencia asigna el modelo socialista al capital. Consideró tan crítico el papel del capital que recomendó eliminarlo de las manos de unos pocos privilegiados y explotadores capitalistas y asignarlo a los trabajadores, únicos dueños de la riqueza. Solo que debió asignar el monopolio de su propiedad y sus formas de asignarlo, al estado, auténtico vocero del proletariado trabajador, único y valedero beneficiario.

Por considerar el capital como elemento central y como nefastos los efectos de dejarlo en las manos explotadoras del capitalista se consideró indispensable transferir su propiedad y control al representante más idóneo del proletariado: el estado comunista.

Tanto el “modelo clásico” como el “socialista”, parecen haber producido efectos no queridos por las sociedades: la especulación y la ineficacia son dos de ellas, que han devenido en crisis económicas como la que puso fin al Bloque soviético y las crisis económicas de occidente, dentro de las cuales, el modelo de “oferta” de las hipotecas (incluidas las sub-prime), dieron origen a la última crisis económica de la cual aún no salimos.

Desde nuestras creencias y razón, de todas formas y en cualquier circunstancia, debemos afirmar que la organización es un esfuerzo cooperativo por medio del cual clientes, empleados y accionistas comprometen esfuerzos e intereses a la espera de obtener la mejor recompensa posible a sus compromisos. La organización es el sitio en donde se reúnen las fuerzas sociales, empleados, clientes y accionistas, para maximizar sus recompensas y pretende, al integrar sus esfuerzos, llevar a la sociedad a mayores niveles de desarrollo.

Los miembros de la organización, empleados, clientes y accionistas, encuentran en ella al agente que les provee oportunidades de su mejoramiento personal, social y económico y las organizaciones son el instrumento a través del cual se cristalizan los procesos de desarrollo.

Pero esos procesos de desarrollo solo se logran si las organizaciones son exitosas en sus tareas. Como no existen leyes ni reglamentos que puedan asegurar el éxito de las organizaciones, se hace necesario analizar la forma cómo interactúan las fuerzas dentro de la organización para poder señalar de manera más precisa los factores determinantes de su comportamiento y de sus eventuales éxitos o fracasos. Lo que sí puede preverse con certeza es que la efectividad de los esfuerzos de quienes tienen a su cargo la dirección de la organización es la verdadera fuerza que impulsa su desarrollo y el de la sociedad.

La dirección general y la toma de decisiones a la luz de la veracidad, la justicia y la solidaridad.

La dirección general es la encargada de resolver los conflictos que surgen de los intereses, en veces encontrados entre empleados, clientes, accionistas y comunidad, por ello la principal tarea del directivo es la de resolver problemas, tomar decisiones y actuar, teniendo en cuenta los resultados de su acción en los demás. (Discernimiento). Como el directivo no trabaja en solitario, su labor directiva es un trabajo con los demás constituyentes de la organización. En síntesis es un trabajo con los demás, para los demás.

direccion_general_corporacion_persona

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Compromiso Social del Directivo.

Responsabilidad sobre los planes de desarrollo regional

Francisco de Roux, S.J.

El objetivo de la empresa, que se traduce en la responsabilidad de sus directivos, se realiza satisfaciendo necesidades reales y concretas a través del producto o servicio.

El origen y la existencia de las empresas puede explicarse y justificarse (de ahí surge su sostenibilidad) en la medida en que estos sirvan a los clientes, a los trabajadores, a los inversionistas, y a todas las demás partes interesadas generando progreso y bienestar social para todos, en equidad y justicia para construir condiciones de una auténtica paz. Esta es su función social.

Si bien de cara a los inversionistas, la responsabilidad de la dirección es la de conseguir la generación de valor económico, los empleados deben contribuir con su aporte de trabajo, y los clientes, dar viabilidad a la empresa. El compromiso social de los directivos debe articularse en torno al desarrollo de su objeto social resolviendo las tensiones que se originan en dichos intereses encontrados. Es decir, sólo garantizando el cabal desempeño de la empresa, de su objeto social, de su verdadero y último fin, podrán obtenerse, en justicia, resultados que materialicen su responsabilidad frente a inversionistas, empleados y clientes, respondiendo a la comunidad o comunidades que le acogen en su seno.

Las Responsabilidades del Estado (Gobernantes, legisladores y jueces).

La seguridad en el contexto empresarial.

Dr. Sergio Fajardo

Los Estados son los lugares que acogen a los empresarios para que puedan desarrollar su actividad de generación de riqueza, ofreciendo con justicia y eficacia un bien o un servicio a la comunidad de sus clientes. La protección al inversionista, la regulación laboral, justa y equitativa en la generación de empleo y la protección del medio ambiente y reparación, cuando las cosas salen mal, es la responsabilidad de los gobernantes, legisladores y jueces. que emanan de ella.

Objetivos auténticamente humanos (fines) y recursos adecuados (medios), nos garantizarán negocios que generen valor, una estructura adecuada y realización y convivencia humanas plenificantes en todas las áreas de la existencia humana. Determinar cuál es el fin de la actividad empresarial y sus medios pertinentes, asegura su éxito o su fracaso. La determinación de tal fin es competencia de la ética. Tomar decisiones acordes con esos fines es responsabilidad de los directivos y empresarios.

 

[1] Aquí iniciamos nuestra reflexión, huyendo del concepto “organización”, que viene de la Teoría Científica de la administración, porque de lo que es el ser humano dueño es del “caos”. Los dos sistemas que coexisten en la empresa son: El sistema formal (que atiende a funciones, competencias, habilidades, responsabilidades) y El sistema espontáneo, que atiende a los comportamientos de las personas en su interior
[2] Juan Antonio Pérez López (1.975) IESE
[3] Basado en el texto “interpretaciones históricas del humanismo” de Salvatore Puleda. http://idd00qaa.eresmas.net/ortega/
[4] Aunque el alfabeto hebreo tiene sus orígenes en el protohedbreo que data del S X A de C.
[5] Así bauticé de manera atrevida la mirada del hombre del Padre Chardín en su obra “El fenómeno humano”. La humanización se inicia con el verbo VER y yo le acuñé lo de “libremente”.
[6] ”. “Mi único fin y mi verdadera fuerza a través de estas páginas es solamente, lo repito, el de intentar VER; es decir, el de desarrollar una perspectiva homogénea y coherente de nuestra experiencia general, pero extendida al Hombre” (T. de Ch)
[7] Esta no es otra cosa que mi forma de entender a mis maestros, luego de lustros de análisis y lectura de las diferentes formas de ver la empresa.
[8] De aquí sale la necesidad de acuñar el propósito. De no hacerlo, la confusión entre fines y resultados, resulta perversa, pues el humanismo así entendido, degrada a las personas, convirtiéndoles en medios.

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